A todos aquellos que nunca han probado los caracoles y están profundamente convencidos de que nunca los probarán, dedicamos 5 buenas razones para probarlos al menos una vez.

1) El gusto. Después de la cocción, la carne es suave y delicada. Extremadamente versátiles, se combinan bien con varios ingredientes: desde mantequilla clásica, perejil y ajo hasta salsas más sofisticadas.

2) Salud. La carne es magra, rica en proteínas y no contiene antibióticos, es rica en ácidos grasos poliinsaturados, útil para contrarrestar el colesterol malo (LDL) y baja en grasas saturadas. Una excelente fuente de vitamina B12.

3) Medio ambiente. Las granjas de caracoles no producen residuos ni contaminan el medio ambiente: la contribución a los efectos de invernadero es muy baja, al igual que el impacto en el medio ambiente. Pueden ser alimentados con residuos vegetales, tienen un efecto beneficioso sobre el suelo y el ecosistema natural.

4) Tradición. Aunque se asocian principalmente con la cocina francesa, los caracoles son una delicia que una vez gobernó en las mesas polacas. Las recetas para platos de caracol se pueden encontrar en el primer libro de cocina polaco de finales del siglo 17. Contiene recetas para platos de caracoles, y lo que es interesante es más que la cantidad de recetas para platos de carne de cerdo. El fin de la comida de caracol llegó después de la Segunda Guerra Mundial debido a la pobreza y al desprecio comunista por todo lo que era una manifestación de riqueza. Ahora los caracoles reproductores polacos están regresando y conquistando el mercado occidental. No solo su carne se ha vuelto popular, sino también el caviar y los cosméticos de moco de caracol y caviar.

5) El futuro. Los caracoles son la mejor respuesta a la creciente demanda mundial de proteínas animales, que son económicas, fáciles de producir y tienen el menor impacto posible en el medio ambiente.